Las primeras veces recuerdo que fue en un antro que se llamaba "Boy Bar", años después conocí La Casita que es una casa vieja sobre Insurgentes Sur en la Colonia Roma. Tenía como 19 años, cuando llegaba a la estación del metro Insurgentes comenzaba a ponerme nervioso, me sudaban las manos... recuerdo llegar y tocar el timbre, una puerta electrónica se abría y subía las escaleras.
Después de La Casita ( que durante años fue mi lugar favorito) comencé una excursión por los departamentos. Ya no tengo claro si fue el primer departamento al que fui, pero uno de esos días me aventure a ir a un departamento cerca del metro Etiopia. Era un edificio habitacional, toque el interfón y la puerta automática se abrió. Recuerdo sentir muchísimos nervios, subí las escaleras y todo tomo sentido. A lo largo de los años he cruzado la ciudad en busca de nuevas experiencias, he tenido la etapa de lugares de encuentro, departamentos, saunas, hoteles, casi nunca antros ni bares. La experiencia es diferente en esos lugares, es más social y menos sexual.
En mi vaivén de encuentros sexuales y buscar sexo anónimo una noche en un cuarto de azotea alguien menciono un lugar donde había sexo toda la noche, me dijo: "Van muchos hombres y nadie usa condón". Un nuevo universo se había abierto en mi imaginario, no me dio más información y yo aún era una persona con limites bien trazados. Parecía que después de cierto tiempo nada podría volver a parecerme peligroso y excitante, hasta que un día en una página web lo encontré. El EBack cerca del metro Hidalgo en la calle Ayuntamiento 162B muy cerca del Palacio Chino. Cuando llegue (después de perderme por unos minutos) toque el interfon, me abrieron y vi un cuarto improvisado con maderas delgadas, me dieron la bienvenida y abrieron a lo que parecía una oficina abandonada.
Había un chico con una PC que me pidió mi ID y me registraron, me dieron una bolsa y abrieron otra puerta. Era algo así como un pasillo inmenso que conforme que conforme avanzaba se iba haciendo más obscuro. Después de esa época El Colmillo creo el Chikero que primero estuvo en La Roma Sur en la calle de Linares. La primera vez que fui a Chikro fue en un pride, aún no consumía drogas pero ya era asiduo al sexo bb. Recuerdo ver el lugar tan lleno de gente que podrías perderte entre tantos hombres desnudos...una puta fantasía, mi tipo de fantasía.
Tiempo después se movieron a la casa de a lado y ahí pase las mejores noches de mis 20s, empecé a fumar marihuana, empecé a sentirme menos desinhibido, la gente me ubicaba porque siempre usaba mis briefs Calvin Klein. Llegaba y me sentaba en la banca sobre el pasillo a fumar marihuana y después me adentraba a lo obscuro. Fue en ese tiempo donde tuve muchos novios así que dejaba de ir largas temporadas, pero siempre volvía a lo que sentía como mi hogar. A veces salía e iba al Oxxo y me atascaba de chocolates y CocaCola y regresaba a mi casa. Tiempo después también cerro.
Después estuvo en Villa de Cortés, una casa estilo California, nunca fue de mis lugares favoritos. No había total obscuridad en ningún punto, pero tenía muchos baños en los cuales podía fumar cristal sin que nadie me viera. Tal vez ese lugar vio lo que hasta ahora a sido mi mejor cuerpo. Ya no me ponía nervioso al llegar, tal vez porque ya había trabajado en ese lugar, tal vez entendí que no había nada que pudiera sorprenderme. Cuando Guacamolinchips me terminó, casi al mismo tiempo comenzó la pandemia y todo cambio.
El Chikero cerro una larga temporada y descubrí los Hoteles como lugar de encuentro, debo confesar que no me encantan y son mucho más caros que un putero y no tan efectivos. Pero los pasados 18 meses ha sido una experiencia verdaderamente cruda. Conocí el chemsex en forma y me gusto, también es cierto que nunca me había sentido tan vacío y decepcionado de todo en general, que nunca lograba o he logrado algo con éxito y mantenerlo, ¿Sabes?. Cuando Chikro volvió abrir ya fumaba cristal.
La experiencia de ir a un putero paso a otro nivel, lo entendí como un ritual, en el que hay una preparación constante de mantener el cuerpo y después drogarse hasta perder el pudor, entregarte al placer de manera cruda. Ya no sentía miedo de llegar, me sentía empoderado, me sabía atractivo y deseado y también odiado. La noche de inauguración de Chikro en la Colonia Obrera la viví de manera muy forzada, pero no me quejo. Nunca había usado una tanga y deje de sentir pena, hay una nueva relación entre mi confianza y mi cuerpo. Hay algo sobre la excitación de llegar a un nuevo putero, no es miedo, es soberbia.


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